Hemos llegado a la nota
introductoria del Banquete (Gredos,
1998) y, como en la relatoría anterior, podemos llamar entremés a esto que
precede el desarrollo del texto mencionado, cosa curiosa, la palabra entremés
no necesariamente se utiliza para aludir a un platillo anterior al plato o
comida principal, su origen, un tanto difícil de definir, tiene que ver con la producción de una obra
teatral, una comedia trágica de un solo acto por lo regular, que se presenta, a
su vez, antes de la obra principal… ¿acaso hay algo más trágico y cómico que el
amor?.
Y es que, además de unos discursos sobre la naturaleza de Eros y su función en la vida del hombre, en el dialogo hay también unos hechos que son tan importantes como las palabras. Precisamente la gran paradoja del diálogo está en que después de tanta teoría sobre la naturaleza de este tipo de amor, las relaciones humanas reales son un fracaso (p. 158).
Lo que se relata ha transcurrido
de boca en boca, ha sido transitado a través del tiempo y las costumbres, ya no
tenemos la certeza de saber lo que en realidad se dijo, sin duda nos llega algo
que /es/ y con lo que trabajamos, pero que muy probablemente no era.
Diotima educa a Sócrates, este al resto de los comensales, uno de ellos (Aristodemo) a Apolodoro, éste a Glaucón y amigos, y Platón a los lectores modernos. Cada uno de ellos ha sido un demón, un intermediario, que actúa desde el dominio de las ideas al dominio de las personas (150-151).
No debería extrañarnos trabajar
con intermediarios, acudimos siempre a ellos para buscar algo.
El diálogo de los personajes que aparecen en el texto, excepto el de Sócrates, por ser el último en dar su discurso, demón mismo de Diotima, son de forma similar notas introductorias al tema en relación, Eros.
Quedamos pues, en el entremés de
lo cómico y lo trágico… del Banquete.
Algo que se parece al amor, es así que se puede, en una primera aproximación, definir la transferencia. Digamos mejor, digamos más ― la transferencia es algo que pone en causa al amor.
Jacques Lacan, 14 de diciembre de 1960
Del seminario de Jacques Lacan anteriormente trabajado: La angustia, puede decirse que cuenta con dos finales diferentes.
El primero.- considerado como consecuente con su linea cronológica, lo lleva a anunciar el próximo: Los nombres del padre, una novedad que iba a tratar sobre lo «no analizado de Freud» por Freud mismo… suspense… ya que las diatribas políticas presionan a Lacan para decidir finalizarlo con una única sesión.
El segundo.- que calificamos de sincrónico (en el sentido de Ferdinand de Saussure y Roland Barthes), consecuente con la lógica del discurso recorrido, y que lo (re)localiza en el seminario de La transferencia, especialmente con el «deseo del analista» y el «objeto petit a» como agalma.
Última sesión y palabras finales en La angustia (3 de julio de 1963):
Lo que hace de un psicoanálisis una aventura única es esta búsqueda del agalma en el campo del Otro. Varias veces los he interrogado sobre lo que conviene que sea el deseo del analista para que ahí, donde tratamos de llevar las cosas, más allá del límite de la angustia, el trabajo sea posible.
Seguramente conviene que el analista sea aquel que haya podido, por poco que sea, por algún sesgo, por algún borde, hacer volver entrar su deseo, en ese «a»irreductible, en grado suficiente como para ofrecer a la cuestión del concepto de la angustia una garantía real.
Sí, el lugar donde se pone en primer plano la pregunta por aquello que puede ser y respoder(se) al «deseo del analista» es… La transferencia, ¡en el concepto y el seminario!
Nuestro trabajo continuará con la estrategia anterior:
(…) la antigua práctica griega del némein, que privilegiaba la lectura en voz alta, línea a línea. Tomamos en cuenta el contexto de cada párrafo, sesión, seminario y obra de Lacan, desestabilizando la cegadora evidencia del aforismo y el vetusto dogmatismo.
Estrategia de lectura oportuna para aquellos que deseen aproximarse por vez primera a un autor que se le considera complicado y hermético.
Y es que los seminarios de Lacan cuentan con esa característica que su amigo Alexandre Koyre encontraba en los Diálogos de Platón: «carácter inacabado y exigencia de un esfuerzo personal por parte del lector-auditor».
Queda abierta la invitación a este NUEVO recorrido.
Frecuencia: sábados de 17 a 19 hrs // CUPO LIMITADO Coordina: H. Isaac Puertos Salinas Información y registro: vía FaceBook InBox o humbertoisaac@hotmail.com
*Imagen: Eros and Psyche (1589), de Jacopo Zucchi.
Como preámbulo a un trabajo póstumo a realizarse… nos adentramos…contextualizando los términos: a un entremés, que ruborizará el paladar y al gusto lo dejará inquieto, para saciarse con un banquete que promete un discurso gourmet.
«¿Por qué Diótima es mujer?» Es una
inquietud de David Halperin hecha texto[1], donde
retoma la importancia de la sabia mujer en función a la “reestructuración” del
pensamiento de Sócrates respecto al erôs
en la Atenas clásica.
Es Diótima
quien instruye a Socrátes en los temas del erôs.
¿Cuál fue la finalidad del Platón escritor en que fuera una mujer quién
transmitiera este saber a su discípulo?
Citó a
Halperin dando una probable respuesta a ello:
Por el hecho de ser una mujer, Diótima indica que Platón se ha separado de ciertos aspectos del ethos sexual de sus contemporáneos y, por consiguiente, le permite iluminar algunas características destacables de su propia filosofía.
Supongo
que hay dos temas a tratar; primero: conocer el propósito de Platón en la
sugerencia de Diótima; segundo: dar respuesta a la pregunta que el título
sugiere. Por el momento intentaré abordar el segundo, respecto a los fundamentos
de Halperin en la primer parte de su libro y que los considera de sentido
común.
Platón no podía permitirse representar al joven Sócrates como si hubiera sido iniciado en los misterios del deseo erótico por un hombre más viejo y sabio, porque ese retrato habría inevitablemente sugerido a los contemporáneos de Platón que Sócrates debía su notable perspicacia en la naturaleza de lo erótico a los servicios apasionados de un antiguo amante pederasta.
El temor
de Platón es ver el discurso de Sócrates sesgado respecto a lo que Pausanias
reconoce en la Atenas clásica como función de la pederastia: «un joven ansioso
de perfección moral puede legítimamente, incluso laudablemente, satisfacer la
pasión sexual de un hombre más viejo y sabio a cambio de la edificante
instrucción que desea obtener de su amante». Siendo hombre el sabio que
iniciara la instrucción de Sócrates, hubiese coexistido un lazo más “pasional”
que intelectual, por lo que probablemente la sensatez de sus construcciones se hubiera
tornado idéntica a las que se pronunciaba en su época.
Entramos
así al segundo argumento sostenido y reafirmado en Halperin: «Si el autor de
estas prescripciones hubiera sido un hombre, él habría podido ser sospechoso de
haberlas elaborado bajo la influencia de diversos factores personales, puesto
que su propia actividad sexual estaría materialmente afectada por su programa
erótico». A lo largo de las páginas del libro, el autor nos va llevando
momentáneamente sobre la respuesta a la pregunta de su libro y además de
pronunciar algunas ideas sobre Diótima.
Mi
intención no es justificar el por qué Diótima es mujer y no hombre, sino,
recalcar la importancia de que haya sido mujer en ese momento histórico y el
cómo años posteriores primeramente Freud redescubre lo que implica el juego de
ese erôs en la práctica
psicoanalítica y que terminará puliendo Lacan en el seminario de La Transferencia[2].
Para no ir
tan lejos y que la espera de El Banquete
nos sea menos siniestra; me posiciono en la sesión del 16 de noviembre de 1960
del seminario antes citado. aquí aborda algunos de los pasajes de El banquete y relacionándolos con lo que
fue el descubrimiento de la transferencia, cito:
En efecto, por púdico, o inconveniente, que sea el velo mantenido, semi-apartado, sobre el accidente inaugural que desvió al eminente Breuer de dar toda su consecuencia a la primera experiencia, sin embargo sensacional, de la talking-cure, es muy evidente que eso era una historia de amor. Que esta historia de amor no haya existido solamente del lado de la paciente, tampoco es dudoso.
Evidentemente
hablamos sobre la relación que se suscitó entre Breuer y Anna O, y de la cual
se sirvió Freud para iniciar el desarrollo de su teoría sobre la transferencia
y que Lacan identifica de manera plausible en está clase.
Desde este
punto de vista, el valor que nos designa o hereda la decisión de Platón de ser
Diótima quien formule una nueva teoría del erôs
en el joven Sócrates, es precisamente ese, y tomando en cuenta la percepción de
Pausanias, que la relación entre el sabio «portador de la verdad» y del
discípulo «ingenuo, deseoso de calidad moral» no se torne imparcial en cuanto
al juego del erôs que esa relación
permite; y retomándolo al papel que juega el analista respecto al analizante,
esto nos conduce totalmente a la gratitud de mantener ese erôs digamos latente y no desbordado en ese intercambio discursivo.
Platón no fue consciente del aporte que sugeriría al acto analítico; más allá del que Diótima sea mujer, lo que ahí se descubre es, sin duda, algo que nos permite ocupar nuestro “lugar” en la praxis como analistas.
*Imagen: Retrato de Jadwiga Łuszczewska como Deotymy, Józef Simmler, 1855.
[1] Halperin,
David. ¿Por qué Diótima es una mujer? El erôs
platónico y la representación de los sexos, Edelp, Córdoba, 1999.
[2] Si bien se le conoce popularmente como La transferencia, su título correcto es La transferencia en su disparidad subjetiva, su pretendida situación, sus excursiones técnicas (1960-1961).
23 de julio de
1963, la sesión final del seminario 10 se postergaba… planeábamos ya lecturas
para el próximo seminario a revisar quizá por la angustia de lo inevitable.
Surgen
comentarios respecto a temas trastocados a lo largo de los meses de revisión y
notamos que esta última clase viene a ser un aglomerado de lo que se venía
mostrando en las clases anteriores, mucho de lo comentado en esta sesión me
hace eco en el amor, y es que en el amor no hay más que terminar como resto, el
amor no es complementariedad, no es ganancia, es pérdida.
Respecto a la
pérdida, voy al texto de Freud dentro de Duelo
y melancolía, apartado C. Angustia, dolor y duelo. Aquí se cuestiona cuándo
la separación del objeto provoca angustia, cuándo duelo y cuándo sólo dolor. Si
bien la primera referencia que podemos tener para intentar dar respuesta a
estos cuestionamientos es la situación del lactante que en lugar de avistar a
su madre, avista a una persona extraña, refiriendo aquí angustia debido al
peligro de la pérdida de objeto. El lactante en este caso expresa angustia y
dolor, como si al principio estuvieran conjugados y enseguida se dividirán,
cuando pueda diferenciar entre la ausencia temporal y la pérdida duradera, esto
se aprenderá a través de las repeticiones de dicha ausencia, repetidas
situaciones de satisfacción crean el objeto de la madre, que ahora, en caso de
despertarse la necesidad, experimenta una investidura intensiva que bien se le
nombra “añorante”; por lo tanto Freud discierne que el dolor es la genuina
reacción frente a la pérdida del objeto, la angustia lo es frente al peligro
que esa pérdida conlleva, y en ulterior desplazamiento, al peligro de la
pérdida misma del objeto.
Añade además que
a raíz del dolor corporal, se genera una investidura elevada que ha de llamarse
narcisista, del lugar doliente del cuerpo, esa investidura aumenta cada vez más
y ejerce sobre el yo un efecto de vaciamiento. El paso del dolor corporal al
dolor anímico corresponde a la mudanza de investidura narcisista en investidura
de objeto.
Por otra parte,
el duelo se genera bajo el influjo del examen de realidad, que exige separarse
del objeto porque él ya no existe más. Se refiere aquí al trabajo de llevar a
cabo ese retiro del objeto en todas las situaciones en que el objeto fue asunto
de una investidura elevada.
Voy a Lacan… nos menciona que el objeto a está enmascarado detrás de i(a), imagen especular, del narcicismo, y que dicha imagen especular del narcicismo está ahí para que, en el cuarto nivel, a esté enmascarado (referencia al cuarto nivel del grafo del amorir), a este cuarto nivel lo caracteriza el deseo en su carácter más alienado, más profundamente fantasmático.
Vale decir que el problema del duelo es el del mantenimiento de los vínculos por donde el deseo está suspendido, no al objeto a en el nivel cuarto, sino a i(a), por el cual todo amor está narcicisticamente estructurado.
También es
importante distinguir el objeto a del
i(a), de lo contrario no se distingue
la diferencia entre melancolía y duelo (Freud)… en la manía hay una no función
de a, es decir queno está lastrado por ningún a, va de objeto en objeto, metonimia
infinita y lúdica para la cadena significante; y en la melancolía hay un
desconocimiento de a.
Resulta genial la
referencia que se hace en el seminario respecto al film Hiroshima mon amour con diálogos de Marguerite Duras, recordando
que cualquier “alemán irremplazable” puede encontrar un sustituto inmediato y
perfectamente válido en el primer japonés encontrado a la vuelta de la esquina.
Y es que no hay
objeto humano que no se postule como objeto finito.
Al pasar al
quinto nivel, a se vuelve a tallar,
abiertamente alienado, como soporte del deseo del Otro que se nombra. No hay
superación de la angustia sino cuando el Otro se ha nombrando. No hay amor sino
por un nombre… nombrar, pronunciar el nombre del aquel o aquella a quien se
dirige nuestro amor.
En la
película no se pondrán en claro las condiciones de su encuentro, eso será lo de
menos. Uno puede conocerse en todas partes, en el mundo. Lo que importa es lo
que se sigue de estos cotidianos encuentros.
A esta
pareja fortuita no se la ve al principio de la película. Ni a ella. Ni a él. Se
ven en su lugar cuerpos mutilados — a la altura de la cabeza y de las caderas —
agitándose — presas, ya del amor, ya de la agonía — y recubiertos sucesivamente
de las cenizas, de los rocíos, de la muerte atómica — y de los sudores del amor
consumado.
Poco a
poco saldrán de estos cuerpos anónimos, los cuerpos de ellos. Están acostados
en una habitación de hotel. Están desnudos. Cuerpos tersos. Intactos.
¿De qué
están hablando? De Hiroshima
Estos dos
seres, ella francesa, él japonés, supondrían ser lo más alejados
geográficamente, filosóficamente, económicamente, racialmente, etcétera, se
encuentran en Hiroshima, ese será el terreno común en que los datos universales
del erotismo, del amor y de la desdicha, surgirán bajo una luz implacable,
fuera de artificios.
En Hiroshima, no puede existir, so pena, de ser negado. Se trata efectivamente de amor. Una última escena tendrá lugar en un café. Allí le encontraremos en compañía de otro japonés, como mencionaba anteriormente, un sustituto, sí, otro, inmediato y perfectamente válido. Finalmente en el filme, sin darnos a conocer los nombres de los personajes, como si eso no importara, ella le dirá: “Hiroshima, ése es tu nombre”.
Imágenes de Hiroshima mon amour (1959) de Alain Resnais.