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De la falta surge el amor «» Del amor surge la transferencia.

Freud plantea en Puntualizaciones sobre el amor de trasferencia (Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis) (1915 [1914]), que todo novato en psicoanálisis teme principalmente las dificultades que han de suscitarle la interpretación de las ocurrencias del paciente y la reproducción de lo reprimido, y que tales dificultades significan muy poco en comparación de las que surgen luego en el manejo de la transferencia.  

Continúa comentando que siendo tan diversas las situaciones que producen esta fase (¿estadio?) del análisis, hay una (precisamente delimitada) que merece especial atención, tanto por su frecuencia y su importancia real como por su interés teórico. Haciendo referencia a una posible situación en que una paciente demuestre con signos inequívocos o declare abiertamente haberse enamorado del médico que está atendiéndole. Teniendo esta situación su lado cómico y su lado serio e incluso penoso, resulta tan complicada, tan inevitable y tan difícil de resolver, que su discusión viene constituyendo hace mucho tiempo una necesidad vital de la técnica psicoanalítica.

Decalcomania – Rene Magritte (1966)

Podría pensarse que el análisis ha llegado a su término cuando surge abruptamente en la escena “el amor”, el paciente perderá el interés en el tratamiento, sólo querrá hablar respecto a su amor y demandará correspondencia a su sentir, sin embargo, ante este amor el analista deberá sustraerse de tal espejismo y mantener la situación analítica.

Lo que se dice saber: del amor surge la transferencia, un amor que no es auténtico (¿?), sino un «amor de transferencia».

Para abordar el tema del amor Lacan se sirve del Banquete, un gran plato de variados “sabores”, sabores que bien pueden remontarnos a la infancia, a ciertos pensamientos e ideas infantiles respecto al amor, siendo nuestras primeras vivencias amorosas aquellas que nombramos: edípicas. Y es que no hay forma de pensar que dicho «amor de transferencia» surja sin rememorar estos amores “pasados” y sus implicaciones. Si nos referimos al Edipo, no podemos dejar de lado el concepto de la castración, así como las fantasías liberadas de estas ideas y vivencias.

Hay un no-saber que da soporte a esto del amor, no se sabe respecto a la falta (manque), y cómo el erómenos (el amado) y el erastés (el amante) se relacionan respecto a éste símbolo, respecto a esta metáfora.

Les amants IV – Rene Magritte (1928)

No es extraño escuchar decir a alguien que “quiere que lo quieran por lo que es”, pero pensemos esto, ninguna madre nos ha querido por lo que somos, sino por lo que representamos: el falo

Tenemos aquí entre esta diada de madre e hijo, amado y amante el cómo se juega la falta, una falta de no saber qué es eso que no se tiene, el hijo identificándose con la falta en la madre. El primer encuentro del niño con la madre es un reencuentro con la ausencia. Y de esa ausencia no sabemos más nada. Tenemos entonces que esta «identificación primaria» del no-ser del niño se identifica con el no-ser de la madre, siendo así como pasa a ser el objeto a, a ser resto, desecho.

Recordemos la función del objeto a: hiancia central que separa en el nivel sexual al del lugar del goce. Es falta (manque) que me hace deseante. El analista debe ocupar el lugar de objeto a, ser resto, desecho.  El objeto a es nuestra existencia más radical… ese objeto a hay que situarlo en el campo del Otro, situarlo ahí es lo que llamamos la posibilidad de transferencia.

25 de octubre de 2019