¿A quién habla el analizante? La pregunta puede responderse en tanto que dos personas se encuentran presentes en un espacio y tiempo determinado, un emisor y un receptor aparecen en primer plano, pero hay algo atemporal, algo atópico, hay algo que se dice, un pasado que intenta repetirse constantemente puesto que no ha sido escuchado, y… ¿no escuchado antes, por quién? ¿Habla entonces el analizante a quién no corresponde?
(Lacan)Todo lo que sabemos del inconsciente desde el comienzo, a partir del sueño, nos indica que hay fenómenos psíquicos que se producen, se desarrollan, se construyen, para ser escuchados, es decir, justamente, para ese Otro que está ahí incluso si uno no lo sabe. Incluso si uno no sabe que están ahí para ser escuchados, están ahí para ser escuchados, y para ser escuchados por un Otro.
Si fuera de otra manera no habría lugar para lo inconsciente, el analista está ahí para escuchar una cadena que se elabora bajo signos de equivalencia, no iguales, pero si correspondientes el uno con el otro, el anterior con el próximo, los significantes se deslizan de manera indefinida por un proceso que se designa como metonimia.

Supongamos una línea del tiempo, una flecha con una punta que solo puede dirigirse hacia delante, esta es nuestra cadena que se amalgama mediante la metonimia, por ejemplo, un niño es un papel en blanco sobre el que se escriben ciertas cosas, se instruye, se educa, se sumerge en un proceso cultural que raya sobre lo ya rayado, el sujeto raya sobre sí mismo, es decir, a medida que se ordena o avanza, por paradójico que parezca, se desordena el blanco de ese papel y se ordena bajo nuevas instrucciones, pero al inicio, no lo perdamos de vista, hay un blanco original, un orden que palpita, que pulsa incansablemente por ser descubierto, escuchado. Sin embargo, puesto que intenta repetirse demuestra su carácter irreversible, es solamente evocado al presente mediante la compulsión, en eso consiste su atemporalidad, las interpretaciones del analista permiten trabajar la transferencia como una especie de pasado/presente.
(Lacan) Por el hecho de que el sujeto sufre la marca de la cadena significante, algo es posible, algo está profundamente instituido en él, que nosotros llamamos metonimia, y que no es otra cosa que la posibilidad del deslizamiento indefinido de los significantes bajo la continuidad de la cadena significante.
Bajo estas condiciones llega el analizante con su analista, a decir y repetir lo no escuchado, pero la cosa no termina ahí, él sabe, que bajo ese primer plano le habla a alguien de carne y hueso, le demanda, se confiesa ante su analista en espera de respuestas puesto que toda confesión habitual lleva implícito este orden. ¿Es del deseo del analizante que, aquel que ocupa el lugar del Otro, analista que escucha, caiga cómo objeto? Parece extraño que un paciente desee hacer caer de su pedestal al analista, pero lo que pone de relieve el Banquete de Platón, y que Lacan trae de vuelta a nuestra práctica, es que Alcibíades desea hacer caer a Sócrates como objeto, esa es la escena fundamental, así, lo que a su vez pone de relieve el psicoanálisis en cuanto a la transferencia es precisamente eso, aun cuando el analizante no lo sepa, desea hacer de su analista un objeto, a este pequeño acto que define cierta manera de comprender la transferencia Freud no dudó en llamarlo “amor”.
Es en este orden que la transferencia aparece bajo cierta especie de ficción, de fantasía, aparece aquí como una cifra que escapa al orden lógico de lo consciente, no una desconfiguración, sino una desfiguración en el sentido en que Walter Benjamin nos explica, “El mundo de nuevos fenómenos que se construye así, con la disolución de lo configurado, tiene sus propias leyes, que son las de la fantasía, y cuya ley suprema, cuando desfigura, nunca destruye”. Arriesgando un poco, un “parecer ser” heideggariano, en tanto que se muestra algo que no es en sí mismo, en efecto hay una compulsión a la repetición, pero la relación está dada entre dos, y el analizante, por efecto de su inconsciente busca la caída de su analista como objeto.
(Lacan) Es que ante todos ha develado en su trazo el secreto más chocante, el último resorte del deseo, que siempre obliga en el amor a disimularlo más o menos — su mira es la caída del Otro, A, en otro, a. Y, además, en esta ocasión aparece que Alcibíades ha fracasado en su empresa, en tanto que era la de hacer caer de ese escalón a Sócrates.
Bibliografía:
Lacan, Jacques. La transferencia en su disparidad subjetiva, su pretendida situación, sus excursiones técnicas (1960-1961), sesión del 01 de marzo de 1961, versión crítica de Ricardo E. Rodríguez Ponte, s/l, 1999.
Benjamin, Walter. Materiales para un Autoretato, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2017.
23 de marzo de 2020








